Comer de colores: por qué la variedad importa más que la cantidad
Cuando alguien decide cuidar su alimentación, lo primero que suele mirar son las cantidades. Cuántos gramos, cuántas calorías, cuántas raciones. Es un buen comienzo, pero se queda corto: lo que de verdad marca la diferencia a medio plazo es la variedad.
El color es un atajo
Cada pigmento vegetal corresponde a una familia de compuestos distinta. El rojo del tomate no cumple la misma función que el morado de la col lombarda ni que el verde oscuro de las espinacas. Si tu plato repite siempre los mismos dos o tres colores, probablemente estés repitiendo también los mismos nutrientes.
- Rojo: tomate, pimiento, fresa, sandía
- Naranja y amarillo: zanahoria, calabaza, naranja, mango
- Verde: brócoli, espinaca, kiwi, judía verde
- Morado y azul: uva, arándano, berenjena, col lombarda
- Blanco: ajo, cebolla, coliflor, champiñón
Cómo aplicarlo sin complicarte
No hace falta llevar la cuenta. Basta con una regla sencilla: que en la cesta de la compra semanal haya al menos un alimento de cada color. Si uno de ellos falta, ya sabes qué añadir la próxima vez.
La otra regla es aún más fácil: cambia de verdura cada semana. Si este lunes tocan judias verdes, que el siguiente toque calabaza. La rotación hace el trabajo sin que tengas que pensar en ello.



